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Argentina: El germen de una nueva organización social Marcela Valente a-infos
Multitudinarias manifestaciones a un año del estallido social Argenpress -
Crónica del 19 de diciembre, la víspera y la vigilia - -
Buenos Aires 2001-2003: lo público como creación de nuevas formas de vida Santiago Garcia Navarro www.centrodearte.com
Aguante Cultural en Plaza de Mayo Foro de Medios Alternativos Agencia ConoSur
Hipótesis sobre el "Piquete Urbano" Ezequiel Adamovsky -
Modos de construcción de la obra de arte María Paula Doberti -
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Brukman es cultura Mabel Bellucci y Karina Granieri -
"Arte y confección", un festival por las trabajadoras de Brukman Cristian Vitale página12
La Clase Obrera en la Semana de Brukman Martín Echenbaum Agencia ConoSur
HOY DOMINGO: CIERRE DE SEMANA CULTURAL POR BRUKMAN FASE Indymedia Argentina
Escrache a un represor "Vidal: Te llegó el día" - www.lavaca.org
SEMANA DE ZANON EN PLAZA CONGRESO - Cronograma    
Ante el ataque del gobierno, carpa ceramista frente al Congreso Por Johanna Saldaño www.obrerosdezanon.org
Semana de Zanon en Congreso: Solicitada   página12

Multitudinaria reunión en Buenos Aires en apoyo y defensa de los Trabajadores de Zanon

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Crónica del 19 de diciembre, la víspera y la vigilia

Realizada por el equipo del Observatorio de Medios, Político, Social y Cultural de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires

 

 
 

 

Hebe de Bonafini, Madre de Plaza de Mayo. Ronda del 19 de diciembre, a las 16. "Recuerdo muy bien aquel día. Los compañeros me decían que la gente venía a montones. Había fuego prendido en todas las esquinas, era impresionante. Algunos decían que no había que venir porque era peligroso...claro que lo era, ya lo vimos. Llegamos casi hasta las puertas de la Casa de Gobierno con otros compañeros y una de las cosas que más me emocionó fue ver arriba del monumento, una bandera de Madres que los chicos habían puesto. Sentí que ahí estaban nuestros hijos, habíamos llegado con ellos. Cuando empezaron los gases -sin motivo ni razón, los represores nunca tienen razón- y nos corrieron. Llegamos hasta Plaza Congreso, donde había otro montón de gente cantando, gritando, echándolos. Cuando se derogó el estado de sitio y echaron a De la Rúa nos pusimos contentos, pero siempre los que vienen son peores, siempre. Cuando mataron a Maxi y Darío en el Puente Pueyrredón pensaba: y ésto no es estado de sitio? Que desenfunden la pistola y entren a tirar como locos no es estado de sitio? La Boca, a las 19 en Avenida Patricios y Suárez La gente comienza a juntarse para arrancar con el corte de calles. Muchos aportan llantas viejas y cajones de fruta para hacer la barricada. En seguida dos patrulleros con oficiales de alto rango también se acercan con la excusa de ordenar el tránsito. Miran con detenimiento a los jóvenes que despliegan las pancartas y a golpes de redoblante lanzan los primeros cánticos. Pato y Yamel, dos integrantes de la agrupación Vecinos de la Boca se entusiasman con los preparativos y primero dudan en conceder la entrevista, luego, más confiadas se prestan a la charla. "Nos juntamos con la gente del barrio para pedir las bolsas de alimentos y los vales Ciudad." Pato, de 46 años, tres hijos y un esposo desocupado desde hace un año y medio es quien toma la iniciativa. Yamel, la sigue. "Peleamos por viviendas dignas, por trabajo que es lo fundamental. Nos prometen planes para jefas y jefes de hogar, más un aguinaldo de 50 pesos -en retribución a lo que nos quitaron porque antes cobrábamos 200- pero hasta ahora no apareció esa plata. Juegan con la necesidad de la gente". "Casi todos trabajamos, cobramos los planes pero no nos quedamos tomando mate ni mucho menos", aclara Pato con mirada triste mientras asegura que su participación no empezó el 19 y el 20 de diciembre de 2001. "El compromiso viene de años, por eso uno queda muerto, las cosas te pasan por encima." Para Yamel "esa es una fecha muy dolorosa, fue injusto lo que pasó. Se peleaba por lo mismo que se pelea ahora, muchos años atrás también se luchaba, pero siempre se hace oidos sordos a los reclamos". El corte ya está listo, llegan más patrulleros que miran con fastidio el humo que se eleva de las llantas. Pato reflexiona que el saldo que deja este año es que "se participa mucho más, ves familias, pibes, esos que ves ahí con esos pelos largos y que los quieren mostrar como si fueran delincuentes. No se les da la posibilidad de estudiar. Ni de trabajar. Participás por el tema del hambre, te juntás con el de al lado, al que antes le pedías una taza de azúcar, o con ese vecino que capaz antes no le dabas mucha bolilla pero que te avisa: "Negra, están entregando bolsas con mercadería, anotate". Yamel busca a alguien más para dar testimonio. Se acerca Isolda, de 29 años. A diferencia de Pato y Yamel, aparenta menos edad que la que declara. "Esta fecha qué representa? -repite para sí mientras ordena la respuesta- Es fuerte, es un día de rebeldía, un cambio en la sociedad un viraje, una nueva historia". Isolda opina que se modifica la participación de la gente a raíz del surgimiento de las asambleas, "la gente se da una participación más horizontal, sin tantos referentes, sin esa división entre los que saben y los que se supone que no sabemos. Se habla desde un lugar mucho más llano, para construir un nuevo día a día." Reconoce, sin embargo,que antes ya había militado "en diferentes situaciones de acuerdo con la etapa de mi vida: en el centro de estudiantes, en alguna que otra agrupación política. Ahora estoy trabajando en un centro cultural, en la asamblea, en la huerta y otros espacios que hay en mi barrio de toda la vida. El saldo de este año es que la gente decidió que quiere hacer las cosas a su manera, quiere un cambio sustancial para construir su futuro". Angel Gallardo y Corrientes, a las 20 Hay dos espacios claramente demarcados. Por un lado la gente de la Asamblea, que organiza las mesas y despliega utensilios de cocina para la olla popular. A escasos metros, militantes del Partido Obrero ocupan Corrientes, desviando apenas el tránsito de esa hora pico. Un cordel delimita el "territorio" de unos y otros. Subida al cordón de la Avenida, Laura , de 26 años, sostiene una bandera roja. No se niega a la entrevista. "Esta fecha significa la posibilidad de haber compartido junto a mi pueblo un reclamo masivo que se venía gestando desde hace por lo menos una década. Me permitió darme cuenta de que es posible construir una alternativa popular en la Argentina, que hay un pueblo dispuesto a protagonizar jornadas de cambio. Implica también el recuerdo de todos los compañeros que entregaron su vida para cambiar esta historia y por lo tanto también el desafío de asumir las responsabilidades y hacer los esfuerzos que sean necesarios para unirnos y realizar ese sueño que volvió a existir despúes del 19 y 20 del año pasado". Del otro lado del cordel, la gente de la Asamblea comienza a cortar los alimentos y prender el fuego para hervir el arroz que piensan compartir con los que se acerquen. Laura cuenta que hace diez años que milita, pero "esta fue la posibilidad de empezar a compartirlo con otros, el saldo es la experiencia y pensar sobre nuestra práctica política, sus límites y virtudes. Pienso que todavía nos falta mucha madurez para entender diferencias y superarlas desde los acuerdos". Una mujer mayor, con una tarjeta navideña en la mano, recoge en ella expresiones y saludos de los manifestantes no se entiende muy bien para qué destinatario. Se presenta como Mamá Luisa, de 63 años, origen alemán. Asegura que "esta fecha es el pedido de que no haya más hambre, más muertes ni violencia, paz en el mundo. El año pasado hubo muertes violencia y agresión, la gente no pudo defenderse". Juan de 25 años observa en la vereda a un grupo de jóvenes que se dispone a pegar una reproducción de Carpani sobre una de las paredes. Acepta hacer la entrevista, pero se cohibe cuando otro camarógrafo se suma al reportero gráfico y a la camarógrafa del Observatorio de la UTPBA. Cuando parece a punto de escapar, larga una carcajada y se "entrega" a las preguntas. Subraya que no le importan mucho las fechas, pero que se acuerda de ese día "como algo muy fuerte, impresionante por la cantidad de gente que salió a la calle y la alegría con que salió. Una fuerza que no ví ni cuando ganamos el Mundial 86. Creo que la diferencia es que comenzó a participar gente que antes no lo hacía. El saldo que deja es una politización fuerte en la sociedad, para bien y para mal, incluyendo a los apolíticos". Natalie, de 20 años, se esmera en cortar huevos para una ensalada en un perímetro mínimo. "La fecha en particular es símbolo de una lucha que hace muchísimos años muchos compañeros y compañeras iniciaron. Podemos hablar de la dictadura militar, y muchas cosas antes del 19 y el 20 de diciembre -el de ayer y el de hoy-. Hay gente que murió por la represión estatal, y también por estar en la miseria, por no poder vivir dignamente. Esta fecha es un encuentro". Cursa la carrera de Ciencias Políticas de la UBA y además integra un grupo que trabaja por la biblioteca y la sala de lectura. "Parece un objetivo simple, pero apunta a otro mayor, que es reconocernos y solidarizarnos con otros. Siempre participé. El saldo del 2002, es un presidente antidemocrático - el que tenemos- chicos muriéndose de hambre. Hay un nivel de solidaridad mayor, mirar al otro y entenderlo. Aunque seamos diferentes en lo ideológico somos coincidentes en lo político, tenemos los mismos derechos y necesidades". Jorge Cardelli, del Instituto de Estudios y Formación de la Central de los Trabajadores Argentinos, integrante de la Asamblea de Angel Gallardo y Corrientes, aclara que está en calidad de vecino y defiende la capacidad culinaria de un grupo de chicas que se está ocupando del arroz. "Esta fecha es un homenaje a todos los contenidos del 19 y del 20, la horizontalidad, la democratización, el repudio al estado de sitio y los partidos políticos,a una Argentina de entrega y autoritarismo. También es un homenaje a nuestros muertos. Creo que ha crecido la conciencia de que las formas de participación política que había hasta ahora, vía partido, vía votos, son insuficientes. El saldo que deja el 2002 es el crecimiento del debate, de la militancia, el surgimiento de asambleas y nuevas organizaciones. El lado negativo es que hay un montón de partidos y grupos que no comprenden el sentido de este tiempo y más que contribuir a desarrollar la conciencia, contribuyen a fracturar, ese es el debate también de la nueva conciencia, de la nueva izquierda". Scalabrini Ortiz y Santa Fe, a las 20:28 Adela, de 21 años, aclara que no es de la Asamblea, sino del grupo Dignidad Rebelde y señala que "el año pasado no pude participar porque estaba trabajando. Fue a la vez feo y lindo: feo por las muertes y lindo porque significó una pequeña esperanza para la Argentina. Soy miembro de una agrupación de educación popular, que trabaja hace años en la Villa 31". Para Adela lo que marca la diferencia es que "antes se movilizaban los que no tenían el pan del día y hoy ves a esta gente -de la Asamblea- que no le falta el pan, tal vez la afectó el corralito, pero está acá participando". Cristina sí integra la Asamblea y la considera "una posibilidad para retomar el protagonismo social una acción directa en la calle sin mediaciones. Tengo 50 años, he participado en los 70, desde el Cordobazo para acá, pero en comparación con aquel movimiento que cuestionaba a las cúpulas burocráticas me parece que éste tiene más profundidad porque cuestiona al conjunto de la delegación. Hay una crítica a la política, entendiéndola como sistema de dominación, de aplastamiento de las intenciones y los deseos. El saldo es el inicio de este proceso." Cruzando la calle, casi en la entrada del Botánico, otro sector de la Asamblea está dedicado a la preparación de una olla popular. Entre ellos se encuentra Diego: "Antes participaba -asegura- tengo 46 años, no estuve en partidos políticos, sí en derechos humanos, por lo tanto no desperté a la conciencia el 19 y el 20". Diego analiza el fenómeno de las asambleas y llega a la conclusión de que "quedó la gente que más milita y tiene ganas de seguir la lucha. No quiere decir que disminuyeron sino que están en un proceso de transformación, es una construcción que lleva su tiempo y esfuerzo. El saldo es la unidad de criterio de rechazo al modelo y casi en su totalidad de rechazo al capitalismo. Hacia el interior hay que hacer un balance y una autocrítica, revisar el tema de representatividad o delegación, tan horizontal ya que es bueno por un lado pero también limitante, estamos en ese proceso, soy optimista, es un fenómeno que nació para crecer". Carlos, empuña un termo y echa a rodar la ronda del mate a todos los que se acercan. Tiene 51 años, también enfatiza "no empecé a vivir el 19 y el 20, durante los 70, los 80 participé, después no. No encuentro ninguna diferencia en la forma en que se participaba antes y la actual, es todo igual, nada nuevo bajo el sol, se repite la historia, no sé si para bien o para mal. Yo viví el Cordobazo, y creo que el 19 y el 20 hubo un remedo del Cordobazo, del Rosariazo, aunque aquello fue más importante en lo político y en lo histórico, si bien antes no se volteó a ningún presidente, en el 2001 tampoco, esos son cuentos, yo no lo compro. Creo que hay que aunar criterios y hacer más grande esto, lleva su tiempo, el tiempo histórico es muy largo, el saldo político es casi el mismo del 2001, no hay grandes cambios". Envuelto en un delantal y rodeado de ollas, Juan Carlos va sirviendo parte de lo que ya está listo en platitos de plástico. "Trabajo en el comedor, los viernes preparamos un guisito carrero y los martes una merienda. Vienen vecinos de la zona, los cartoneros y otra gente que pasa y pide un plato de comida. Colaboran los comerciantes del barrio, los panaderos, los verduleros, la pollería y nosotros, con cosas de nuestra casa. En el comedor trabajan 20 personas. El viernes hicimos 185 platos, en la merienda preparamos cinco bidones de leche, jugo, pan con dulce y facturas. Hacer esto me permite acostarme tranquilo, sabiendo que colaboré en algo con la gente que necesita". 19 de diciembre, Aguante Cultural y vigilia en Plaza de Mayo a las 23 En la Plaza de Mayo hay grupos de gente con banderas, mates y pancartas distribuidos por distintos sectores. Daniel sostiene una bandera que lo identifica como integrante de la Asamblea de Parque Lezama. Dice que esta fecha para él "desde el punto de vista histórico es un quiebre que abre la posibilidad de un nuevo régimen de representación política y el desconocimiento de la deuda externa, porque representa un agobio para la gente". Enseguida, al aclarar el tema de la representación, también manifiesta cuál es el otro espacio que lo contiene. "Antes tuve mucha participación en sindicatos y otros lugares. Ahora tratamos de lograr un gobierno provisional en el próximo Congreso de Trabajadores Ocupados y Desocupados que se va a hacer en febrero, con los que luchan -el Bloque Piquetero y otra gente- para darle propuestas a los trabajadores. La diversidad se articula sobre la base de consensuar, disputar, acordar, o disuadir. El saldo del 2002 es una tristeza extraordinaria respecto de la situación del pueblo, pero desde el punto de vista político creo que el capitalismo puede ser derrocado a nivel mundial", se entusiasma. Algunos grupos suben al escenario mientras se leen las adhesiones. En una de las esquinas de la Plaza se proyectan videos de producción independiente. Marta lleva una visera de la Corriente Clasista Combativa (CCC), pero reparte volantes del Partido Comunista Revolucionario -de tendencia maoísta-. Se detiene a dar su testimonio al Observatorio: "Es una fecha importante del pueblo argentino, porque volteó un gobierno que no respondía a los intereses de la gente. Siempre participé, desde que era piba. En las luchas estudiantiles primero y después por reclamos laborales. La gente aprendió a no delegar. En los piquetes cortes de ruta y fábricas se toman decisiones en asambleas. Las cuestiones del país también debemos discutirlas en asambleas democráticas." En el centro de la Plaza, Viviana, acompañada de una amiga calcula el número de participantes, mira la hora y sonríe. "Esta fecha es una recordación de que seguimos resistiendo. Particularmente, desde antes del onganiato siempre participé. Antes pertenecíamos a partidos políticos, con todo lo que sabemos del verticalismo. Ahora es distinto, respetamos a los compañeros de los partidos, pero son como las religiones, sirven para dividir. Por eso somos asambleístas". El dirigente de la Federación Nacional de Salud de la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA) Héctor "Pelusa" Carrica pregunta a gritos, "dónde estaban los periodistas? Los estaba buscando." Se abraza a los compañeros de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires y se presta a la entrevista. "Es una fecha en que la gente se pone de pie y se moviliza para reivindicar lo mejor del pueblo argentino -que es el aguante-. Nosotros somos una parte organizada de este pueblo, que está en la CTA y sus organizaciones. Creemos que esta fecha marca la continuidad de la lucha de los compañeros que a lo largo de la historia del movimiento obrero dieron su vida por las ideas de liberación. Vengo de una generación que hizo una experiencia donde había una profunda voluntad de formar cuadros políticos para luchar y tener capacidad de propuesta. Así como el modelo forma a su clase dirigente, nosotros queríamos formar militantes en esta decisión política de enfrentar al imperialismo, al capitalismo que se está cobrando hoy la vida de nuestros chicos." Otros se acercan a escuchar a "Pelusa" que gesticula eufórico en cada afirmación de lo que representa para él esta vigilia y esta fecha: "Hay un genocidio por planificación de la desigualdad social. De un lado está el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la política asesina del gobierno de los EEUU, del otro lado los pueblos de América Latina que luchan por su liberación. Hay que organizar la resistencia y ser una alternativa política a la crisis de representación que tienen los partidos políticos en Argentina. Muchos estamos decididos a construir esta alternativa que cuestione el poder. El saldo que deja el 2002, para la CTA son los 28 congresos regionales, que llegaron a Mar del Plata con 9000 delegados a discutir política, con diferencias pero animándonos a construir una alternativa que no es la de los partidos tradicionales." María Rosa Gómez Fotografías: Alberto Mas Registro en video: Liliana Belforte. 20 de diciembre, vereda del Cabildo, a las 13.30 La memoria, donde ardía. Bajo un sol ardiente, con una Plaza de Mayo todavía ocupada por otros sectores, los familiares de las víctimas del 20 de diciembre, acompañados por HIJOS, Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, el Grupo de Arte Callejero, el Sindicato Independiente de Mensajeros y Cadetes (SIMECA), el grupo Argentina Arde y Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, entre otros, iniciaron la triste procesión por los puntos en que el 20 de diciembre de 2001 fueron asesinados por la represión policial Gustavo Benedetto, Gastón Riva, Diego Lamagna, Carlos "Petete" Almirón y Alberto Márquez. En cada lugar, los integrantes de Hijos y del Grupo de Arte Callejero colocaron al mes de los asesinatos, placas con los nombres de los caídos. Sólo una de esas placas fue removida de manera recurrente mes a mes. La ubicada frente al Banco HSBC, que recuerda a Gustavo Benedetto, asesinado por balas provenientes del interior del Banco, cuya custodia privada estaba a cargo del ex militar Jorge Varando. El Observatorio Político y Social de Medios de la UTPBA conversó con los familiares de Gustavo. Adriana Ochoa, su prima afirmó conmovida: "Esta fecha es muy dolorosa. Estamos esperando en este momento el resultado de los peritajes que hizo Gendarmería en la reconstrucción del hecho, sabemos que son fundamentales para las acusaciones y para que se realice el juicio -probablemente el año que viene-. En la reconstrucción en el Banco HSBC, las cámaras no estaban en la misma posición que el año pasado, agregaron alfombras y en un peritaje que requiere tal exactitud, cualquier cambio altera todas las cosas. Por esta razón los fiscales y la abogada patrocinante de nuestra familia reclamaron que pusieran las cámaras de la misma manera y quitaran todo lo que estaba modificado respecto a aquel día". La madre de Gustavo, se quejó del trato recibido ese día: "Nos tuvieron parados desde las cinco de la mañana en la Plaza, después nos hicieron entrar al Banco, donde estaban trabajando para cambiar las luces de las cámaras, que no coincidían con la posición original. Pretendían borrar de esa forma huellas de su responsabilidad. Encima hasta las seis de la tarde mi hija y yo estuvimos cerca de ese asesino -se refiere a Jorge Varando- que tiene un montón de causas y sin embargo todavía estaba suelto. Ahora dicen que está preso...yo no sé. El tipo estaba en zapatillas y bermudas, de civil, no con su uniforme, como aquel día". Eliana, hermana de Gustavo, subrayó que "por suerte se presentaron varios testigos que en ese momento estaban con Gustavo para aportar testimonios a la causa". Adriana consideró que gracias a la alta exposición pública en los medios "la familia no ha sido amenazada. Quienes sí han sido amenazados en reiteradas oportunidades han sido los fiscales de la causa, Luis Comparatore y Patricio Evers". En la vereda que da frente al Banco se podía ver la anterior placa, removida por la policía y los custodios. Mientras un puñado de manifestantes marcaba sobre la cortina de hierro del Banco 58 disparos de bala (los que se efectuaron desde el interior) otro sector, empecinadamente opuesto a la intención de escamoteo de la memoria, colocó una nueva placa y depositó un ramo de flores. Había mucho dolor y conmoción en todos los rostros, seguidos con detenimiento por dos personajes de civil que salieron de un costado del Banco y se ubicaron entre los manifestantes. En las esquinas, otro personal uniformado no perdió ningún detalle del acto. La mamá de Carlos "Petete" Almirón, asesinado en la Avenida 9 de Julio e Hipólito Irigoyen, participó de los homenajes y comentó el estado de la causa: "Esperamos y confiamos en que se presenten más testigos. Hace poco apareció uno que es clave. La reconstrucción todavía no se hizo, supongo que esperarán mas testimonios o algo de eso. Mi hijo ayudaba a los pobres, nosotros somos pobres, pero él ayudaba a gente más necesitada. Integraba el Movimiento 29 de Mayo, donde tenían comedores y huertas. Luchaba, le gustaba muchísimo y bueno...dio su vida por lo que él creía". En ese momento comenzaron a llegar los integrantes del Sindicato Independiente de Mensajeros y Cadetes (SIMECA) con banderas rojas y negras en sus potentes motos. Ellos jugaron un rol fundamental el año anterior durante la represión, rescatando gente de manos de la policía, avisando a los manifestantes por dónde venían los escuadrones represivos. Tuvieron una víctima fatal, Gastón Riva, asesinado en la esquina de Tacuarí y Avenida de Mayo. Allí, junto a la placa con su nombre, familiares y amigos colocaron su casco de motociclista. Hacia allí enfilaron las motos que guiaban la columna, a modo de una "guardia de honor" que recordó a su compañero coreando su nombre y respondiendo "Presente!" en cada oportunidad, mientras el recorrido iniciaba la marcha hacia la Avenida 9 de Julio, para continuar homenajeando a los caídos.

 

 


 
Buenos Aires 2001-2003:
lo público como creación de nuevas formas de vida

Por: Santiago Garcia Navarro

 
 

 

"Nos vemos en el Aconcagua, Bolívar esquina Pueblo de Irak", me dijeron el sábado pasado los artistas Horacio Abram Luján y Magdalena Jitrik con un guiño de ojo. Es que el bar de nuestra cita nunca se mudó del barrio de San Telmo, sino que, hasta hace un par de semanas, la dirección era un poco diferente. En esos días, varios de los carteles urbanos que señalaban la calle Estados Unidos amanecieron rebautizados en homenaje a las víctimas de la guerra. Un diario local sostuvo que el gesto era anónimo. Pero, como muchas otras veces, los medios se equivocan, y lo hacen adrede. Ya volveré sobre el tema. Por ahora, me interesa resaltar lo siguiente: ese gesto revela un estado de ánimo colectivo que, si bien en este caso alude al conflicto, va más allá de él. Me refiero a una disposición crítica que se visibiliza en la toma permanente del espacio público de Buenos Aires como soporte o vehículo de protesta e invención social. Y esto ocurre, con marchas y contramarchas, desde la crisis del 19 y 20 de diciembre de 2001. Qué lejos quedaron los en realidad cercanos días en que Menem gobernaba y la Argentina parecía haber llegado al Primer Mundo como por arte de magia. Qué rápido envejeció aquel paisaje porteño bunkerizado por el consumo, ese paisaje atravesado diariamente por señoras y señores cómodos con sus bolsas de centros comerciales repletas de productos. (Ahora, merced a la fuerte devaluación del peso frente al dólar, son fundamentalmente los turistas los que pueden darse ese lujo). Cuánto mudaron los ánimos, y cuán lejos quedó la ilusión. Pero si no hubiera sido una simple ilusión, si de verdad la Argentina se hubiese transformado en un país próspero, las cosas no habrían mejorado demasiado. Lejos de celebrar la pobreza que nos rodea, quiero destacar el cambio paulatino pero significativo que se ha dado desde una subjetividad embrutecida por el dinero hacia una subjetividad que se opone al sistema de mercado y se abre a la creatividad social. Así es la Buenos Aires de hoy: una ciudad en la que se hace audible todos los días la voz de los inconformistas, en la que se hace visible la acción de quienes ya no toleran el régimen de injusticia que instaló el capitalismo global. Porque lo que ciertamente no se sostiene más, en muchas conversaciones callejeras, es el lugar común típico de los primeros años de la posguerra fría de que este proceso está beneficiando al planeta. Millones de personas en los países desarrollados lo demuestran manifestando en calles y plazas. Seattle y Génova, entre otros escenarios, marcaron la avanzada con el cuerpo de los disconformes más radicales. Luego, particularmente en el marco del actual genocidio iraquí, la oposición se amplió hacia muchos sectores hasta hace poco despolitizados. En los países pobres el hartazgo llegó mucho antes, pero se hizo manifiesto en un proyecto organizado como el Foro Social Mundial de Porto Alegre, en la revuelta argentina de 2001, y también en las actuales protestas contra la guerra en un sinnúmero de ciudades. Sin embargo, no tiene sentido obnubilarse con la ocasional visibilidad de estas luchas. Las nuevas formas de sociabilidad y de acción política no supondrían necesariamente un cambio de no ser porque, más allá del espectáculo, siguen su marcha. La transformación de los paisajes urbanos del mundo global es, entonces, también o fundamentalmente política. La pauperización y el avance tecnológico, desigualmente distribuidos entre países y dentro mismo de cada ciudad, forman el sustrato sobre el que el cuerpo social se repiensa en acción. Así, parece posible detectar nuevas geografías urbanas en las que la primacía de lo económico en todos los órdenes de la vida humana -la semiotización capitalista- comienza a ser desplazada. Continuidad de las luchas En la Argentina, el nuevo tejido social se fortalece sobre una doble trama en la que se interpenetran la reivindicación de la memoria y la mezcla de clases. Aquí, la fuerza de las luchas se hizo más evidente desde fines de 2001, pero la mayor popularidad de la resistencia actual no implica que no manifieste continuidad, sobre todo, con los reclamos de justicia de los familiares de desaparecidos en la última dictadura militar (1976-1983) y con los de los grupos de piqueteros que empezaron a levantar su voz a mediados de los años noventa. Estos grupos permanecen no sólo activos, sino que incrementan sus miembros, y muchos de ellos trabajan junto con las formaciones sociales que emergieron a partir de la crisis, como las ya famosas asambleas populares barriales o las menos conocidas cooperativas de cartoneros . Y no se trata exclusivamente de diversas formas de protesta, sino también de actividades conjuntas de acción social. Estas iniciativas construyen una amplia base comunitaria en la que se unen personas de todas las capas de las clases medias y bajas, y que en definitiva apuntan a un mismo objetivo central: la constitución de un orden político, económico, cultural y social no capitalista basado en la justicia y la dignidad de todos los habitantes del país. Esto no supone la inexistencia de fracturas ideológicas entre las agrupaciones, pero una situación tal, en principio, no parece problemática, sino que revela las diferencias, digamos, naturales, que aparecen en toda formación social amplia. Los conflictos verdaderamente fuertes existen entre este espectro de izquierda y quienes sostienen el actual sistema: me refiero al todavía importante número de simpatizantes de la clase política vigente, ineficaz y corrupta, a los deseosos de orden o partidarios de la derecha extrema -por ejemplo, los nostálgicos del régimen militar, o los que exigen un gobierno democrático personalista- y, en general, a la también enorme cantidad de gente que ha sido moldeada por la subjetividad de mercado y que es incapaz de asumir una posición crítica. (Lo más dramático es que mucha de esa gente pertenece a las generaciones más jóvenes). La oposición se da, en resumen, entre quienes participan de lo político y quienes esperan todo de la política. La calle, mientras tanto, habla en voz alta. La teatralización -o performance- política es uno de los principales medios de expresión colectiva que manifiestan la presencia de los que empujan el cambio. A modo de ejemplo, quiero mencionar una de las acciones más recientes, ocurrida el mes pasado frente al edifico del Congreso . Ese día el senado tenía que decidir la continuidad o destitución de uno de sus miembros, el peronista Luis Barrionuevo. Conocido por la frase "si dejáramos de robar por dos años se arreglarían las cosas en este país", a Barrionuevo la justicia le había impedido presentarse como candidato a la gobernación de Catamarca por no ser residente de esa provincia. A modo de respuesta, el senador mandó quemar en secreto las urnas que iban a usarse en las elecciones. Pero la maniobra no pasó desapercibida. La noche de la votación en el Congreso -cuyos integrantes, finalmente, respaldaron al mafioso-, un grupo de manifestantes llevó en andas, por un buen rato, una inmensa urna de madera como las que se usan en los comicios. El acto, sin embargo, empezó a complicarse cuando la policía secuestró el objeto y desató una represión sangrienta contra manifestantes y periodistas, una escena común en la ciudad que, por acumulación, ha creado un clima de inestabilidad permanente. Una de las derivaciones de esta oposición popular ha afectado, en forma directa, a la sede del Poder Legislativo, que desde hace un tiempo cuenta con dispositivos de seguridad especiales, quizás semejantes a los de una cárcel. (Un programa arquitectónico, de más está decirlo, que se adecuaría al tipo de gente que la ocupa). Esta bunkerización es uno de los fenómenos urbanos más característicos de las ciudades argentinas de los últimos años: se reproduce, por ejemplo, en los barrios cerrados -islas de bienestar rodeadas de un océano de pobreza amenazante-; en los edificios de los bancos, cuyas fachadas se tapiaron como defensa ante la agresión de los ahorristas estafados; en las plazas públicas, que fueron cercadas por rejas en todo su perímetro (no importa cuán grandes sean) para evitar el vandalismo y otras formas de criminalidad; y hasta en las boleterías selladas con vidrios blindados de algunos complejos de salas cinematográficas. De este modo, la separación entre incluidos y excluidos se torna completamente transparente en una dimensión también física. Separación, al fin y al cabo, entre lo privado y lo público, entendiendo lo privado como lo seguro, lo ordenado, lo desarrollado, y lo público como lo inseguro, lo caótico, lo subdesarrollado. En un sentido más amplio, y sin duda desde una perspectiva inversa, en la Buenos Aires actual podríamos entender lo privado como todo aquello que se subordina al régimen capitalista, y lo público como la zona liberada de ese régimen. Territorios privados son los de los medios masivos de comunicación, los de la economía de mercado y los de la represión estatal: todos responden a los intereses comunes de las empresas y el gobierno y suponen relaciones productivas de un modo u otro mediatizadas. Los territorios públicos, en cambio, son aquellos en los que no existe tal mediación y donde se forjan nuevos modos de autoproducción: los medios de información alternativos , las iniciativas sociales, sanitarias, culturales y económicas no institucionales, y el variado ejercicio de la protesta. Como en la época posterior a la dictadura y anterior al neoliberalismo menemista, la calle vuelve a ser el ámbito por excelencia en el que se alza la voz pública. La calle se transforma al ritmo de los escraches, de las teatralizaciones, de las marchas, de los piquetes, de lo programado y de lo espontáneo, de los gestos casi imperceptibles y de los que enseguida atraen la atención de los medios, de actos anónimos y de actos firmados, de la palabra o la imagen que se cuelan silenciosamente en el autobús o en el cartel publicitario trastornando su mensaje colonizador, y del cuerpo que se enfrenta a la posibilidad siempre inminente de la golpiza policial, de la violencia, de la delincuencia, de las razzias, incluso de los asesinatos. Esta organización territorial, sin embargo, introduce un interrogante relativo a la visibilidad de la que hablaba al principio: hasta qué punto la construcción de modos de vida alternativos puede o no generar una visión esperanzadora en aquellas personas que simpatizan con un cambio de sistema, pero siguen teniendo en los mass media su principal vehículo de conexión con lo real. Estos tienen la sensación de que las fuerzas de oposición van mermando, simplemente porque no son registradas en los medios con la intensidad con que lo fueron en el momento del estallido. Es el viejo problema debordiano de la espectacularización de la vida social, y lo que más específicamente instala como pregunta, para todos nosotros, es qué nuevos circuitos deberíamos frecuentar para, efectivamente, relacionarnos cara a cara con los demás. Este problema afecta, sin duda también, a los artistas. La línea que separa los nuevos movimientos sociales de las viejas formas de convivencia -lo público y lo privado- pone de relieve, sobre todo en las circunstancias difíciles que vivimos, la secular dicotomía entre arte autónomo y arte que salta al plano social. En este sentido, la producción de Andrea Cavagnaro, por ejemplo, sufrió una transformación tan evidente como inesperada a partir de la crisis. El año pasado, la artista fue invitada por una de las asambleas vecinales de Palermo para intervenir en alguna fachada del barrio. Cavagnaro eligió, previo acuerdo con el habitante de la casa, un frente precario, sin otra abertura que la de la puerta, al que forró con una alfombra de peluche fucsia aromatizada con esencias. En realidad se trataba de una vivienda tomada, y su único habitante era un cartonero. La propuesta, básicamente formal, podría haber terminado en un típico caso de fachadismo, de "puesta en valor". Sin embargo, durante los dos meses que el frente vistió el peluche, se estableció entre la artista y el cartonero una relación de afecto que se mantiene hasta hoy. (Por otra parte, feliz de que su casa tuviese la fachada más bella del barrio, el cartonero procuró conservar el peluche lo mejor posible). De modo, también, que lo que podría haber quedado reducido a un acto de asistencialismo se convirtió en una forma de encuentro, en un mínimo e inútil gesto amoroso. (La situación social del cartonero no se modificó en lo más mínimo después de la intervención de Cavagnaro). La obra, entonces, no consistió sólo en la instalación, sino en todo el proceso relacional que surgió a partir de ella. En una línea muy distinta discurre la obra más reciente de Magdalena Jitrik. La artista, de sostenida militancia en la izquierda, formó hace justo un año el Taller Popular de Serigrafía (TPS) junto con otros colegas. La iniciativa consiste en producir imágenes específicas para las manifestaciones, lo cual no impide que casi todas ellas conserven la fuerza original del mensaje más allá de la marcha para la que fue creada. De esta manera, el TPS ha formado una suerte de colección visual que es requerida por los manifestantes cada vez que salen a la calle. Porque, justamente, el TPS ya es un proyecto conocido, y sus imágenes aparecen estampadas en todo tipo de prendas e incluso en las calles por donde pasan las manifestaciones. El TPS funciona porque, al decir de Jitrik, "es evidente la demanda de imágenes en las asambleas y los grupos piqueteros". Al respecto, resulta decisiva la eficacia del mensaje, es decir, la capacidad de la imagen de sintetizar el sentido de la lucha, así como de generar un poder convocante y una identificación. Lo que más asombra a los integrantes del TPS es la facilidad con que los estampados fluyen entre diferentes grupos, de manera que ponen de relieve, más allá de las disidencias, un espíritu común. Y si la competencia del artista en el campo de la visualidad tiene, por decirlo así, algún valor adicional, es precisamente el de un mayor nivel de elaboración de los métodos que sirven a dicha eficacia. En el nuevo dominio público, entonces, el TPS activa una red inmaterial e instantánea de conexiones afectivas que fortalecen el sentido de unidad y, más todavía, hacen visible la presencia de los otros aun si los otros están lejos. (Tal el caso de las imágenes que quedan impresas en las paredes como huellas del paso de una marcha). A Jitrik le gusta decir, en este sentido, que las imágenes del TPS, así como las de muchos otros colectivos artísticos o no, son los verdaderos medios de comunicación masiva. Otra forma de presencia visual que evidencia la hermandad de las luchas se originó en una acción del colectivo Arde Arte durante los cacerolazos de febrero de 2002. Una imagen, en este caso de carácter indicial, agregó una nueva capa de memoria sobre el suelo de la histórica Plaza de Mayo a partir de una propuesta tan extremadamente simple como contundente. Los integrantes del colectivo invitaron a decenas de manifestantes a trazar un círculo en el suelo y a escribir en él sus nombres, de modo tal que quedara marcada su presencia personal y, a la vez, que el conjunto de éstas testimoniaran la presencia de la multitud. Un año después, todavía es posible ver esos nombres y esos círculos compartiendo territorio físico y simbólico con las siluetas de los pañuelos de las Madres de Plaza de Mayo. La fuerza de esta acción es tremenda, como decía, por su economía de medios, pero sobre todo por el alto poder de síntesis enunciativa que alcanza: es una imagen perfecta de la frágil fortaleza del poder entendido como potencia, como posibilidad de hacer, a la vez que destaca la continuidad de las luchas, en la medida en que actualiza la historia, asume su vitalidad y la proyecta hasta el presente. Un mes más tarde, Arde Arte realizó otra acción tan potente como la anterior. Ocurrió durante un escrache que organizó la agrupación H.I.J.O.S. frente a los domicilios de dos personajes vinculados con la última dictadura militar. En esta ocasión, los miembros del colectivo repartieron espejos entre las personas presentes, con la consigna de que los levantaran y los pusieran de cara a los policías que custodiaban el lugar. De este modo, nuevamente, se rescató el contenido actual de la historia, puesto que la policía fue uno de los principales responsables de los secuestros y asesinatos durante la dictadura. En los espejos podía leerse la frase "Vete y vete", que aludía, por partida doble, a los escrachados y a sus protectores, de modo que el escrache se extendía también a estos últimos. Nuevamente una operación de carácter indicial, nuevamente absoluta economía de medios, y nuevamente la contundencia del gesto. Esta vez, contundencia que seguramente demolió cualquier tipo de barrera psicológica que los policías pudieran interponer entre la acción de los manifestantes y su tarea. Porque esta vez la condena no provenía directamente de los manifestantes, sino de las imágenes reflejadas de los policías mismos. Querría concluir este artículo hablando de una acción no artística de implicancias artísticas. Me refiero a la marcha que, durante la tarde de ayer, atravesó toda la calle Estados Unidos con el propósito -cumplido- de rebautizarla como "Pueblo de Irak". Efectivamente, los autores reincidieron en su accionar de hace unos días, pero esta vez transformando el gesto simbólico en desafío programático a la representatividad del gobierno. (De éste y de todos los anteriores que sostuvieron una democracia dictada desde la invisibilidad del poder). Contra lo que decían los medios, los autores son fáciles de identificar: las asambleas populares de los barrios que atraviesa la (antigua) calle Estados Unidos, y los jóvenes activistas de la agrupación No Pasarán. Unas ciento cincuenta personas -la lluvia resintió la convocatoria- hicimos los cuatro kilómetros en cuestión acompañando a los chicos que, esquina tras esquina, trepaban unas escaleras portátiles para cambiar los carteles. La acción, a la vez que un repudio a un conflicto internacional, fue relevante como subversión efectiva de la ley local. En esta reinvención inconsulta del catastro porteño se manifestó, otra vez, la voluntad de las personas de constituirse en actores de la nueva vida pública: se reinventó lo público operando una sustracción sobre el dominio gubernamental privado, lo que equivale a decir que se negaron los fundamentos y metodologías del sistema legal vigente. La voluntad de transformación verdadera -si bien precaria, y por tanto efímera- del orden de cosas se manifestó, por su parte, precisamente en el hecho de cambiar la totalidad de los carteles: o sea que el procedimiento metonímico propio del símbolo desapareció, dejando lugar a la acción directa, no representativa. Si esta acción no es artística, no lo es simplemente porque no fue señalada como tal: sus métodos, proceso de construcción y dimensión conceptual no difieren en nada de los de muchos proyectos denominados artísticos por su simple inscripción en la institución arte. Lo significativo del dominio de lo público -en el sentido que le he venido dando a lo largo del texto- es que se elabora a sí mismo, permanentemente, como espacio de creatividad. Lo distintivo es que no reconoce lugares separados del uso plural, dinámico y común, ni genera apropiaciones de poder. Lo bello es que abre sin pausa posibilidades nuevas de hacer. Esa es su dimensión estética: la belleza implicada en la creación de nuevas formas de vida. Esa es, entonces también, su dimensión artística. Buenos Aires, 6 de abril de 2003

 
   

 


 
Aguante Cultural en Plaza de Mayo

Foro de medios alternativos

 

 

(FODEMA) Buenos Aires- del 19 al 20/12-

El jueves 19, a las 21:00 hs. se inició el Aguante Cultural en Plaza de Mayo que se extendió hasta el 20 de diciembre, día en el que llegaron las columnas de todo el país para sostener la vigencia de las reivindicaciones que hace un año el pueblo argentino defendió en las calles; para homenajear a los caídos y seguir manifestándose en defensa del derecho al trabajo, la salud, la vivienda, la educación y la cultura; y contra la represión y el miedo que se quiere imponer desde el gobierno.

Estuvieron allí trabajadores de fábricas recuperadas, asambleístas, artistas populares y todos los que, a pesar de sus diferencias, quisieron mostrar que el trabajo por la unidad y la autoorganización popular durante este año no ha sido en vano.

Durante la vigilia, varios artistas, músicos, videastas, bailarines y fotógrafos mostraron sus producciones en diferentes espacios de la Plaza. Dentro de este marco, se presentó Buenos Aires Negro junto a los bailarines Inés y Pablo, todos ellos integrantes de La Fábrica Ciudad Cultural. Entre otros músicos, se hicieron presentes para brindar su apoyo y solidaridad, Antonio Tarragó Ross, Palo Pandolfo, Ignacio Copani, Arbolito, Madreselva, Santa Revuelta y Teresa Parodi. También se exhibieron los siguientes documentales: ABCD (ficción) realizado por Federico Serafín, Que se vayan todos de Lisandro Costas, Santiago Zini, Miguel Ángel Azpiroz y Javier Barrera, Gustavo Benedetto, presente! de Avi Lewis, Por un nuevo cine un nuevo país realizado por ADOC (Asociación de Documentalistas), Sin pan y sin trabajo de Jorge Pérez, Documental sobre las repercusiones globales de las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, producido por Intergaláctica Buenos Aires y Attac Argentina, En el ojo de la tormenta realizado por el colectivo editor En el ojo de la tormenta, Gas realizado por el Grupo M, Informe La Conjura de la Conjura TV, La bisagra de la historia de VenteVeo videos, Compañero cineasta piquetero y Desalojo en Bruckman de proyecto ENERC, Informe El Jagüel de proyecto ENERC- VenteVeo videos- Big Tactical Noise, Argentinaza de Ojo Obrero, Informe sobre la memoria y Escrache a canal 13 del Grupo de Cine Insurgente, La selección nacional y Carta a la junta militar por Rodolfo Walsh del Grupo Alavío, Video Intergaláctica Buenos Aires- Attac Argentina e Imágenes de Nicolás Filipic y selección de cortos del Festival Sueños Cortos de la Nave de los Sueños.

Además, hubo muestras fotográficas como Un año: manifestaciones políticas en las calles - de Magdalena Jitrik, Lilia Mosconi, Clarisa Gambera y Olga Morales y la de Argentina Arde en las paredes del Cabildo. En el transcurso de la noche, se pudieron apreciar en otros sectores de la Plaza intervenciones urbanas a cargo de ArdeArte y del Grupo Máquina de Fuego. Participaron en la Autoconvocatoria, asambleas, organismos de derechos humanos, organizaciones sociales y culturales, organizaciones estudiantiles, gremiales y políticas.

 

 
Hipótesis sobre el "Piquete Urbano"

y las formas de coordinación asamblearias

por Ezequiel Adamovsky

 
 

 

El 19 de Diciembre de 2002, unas 600 personas de más de 45 grupos diferentes realizaron un "Piquete Urbano" (PU), consistente en el bloqueo del Banco Central, la Bolsa de Comercio, y otras entidades financieras de la zona del microcentro de la ciudad de Buenos Aires. Con el permiso del lector, quisiera ofrecer algunas reflexiones sobre este evento, y acerca de las formas de coordinación asamblearias en general. Las ofrezco como hipótesis provisorias para seguir pensando, más que como certezas absolutas y cerradas.

Como miembro de la Asamblea Popular Cid Campeador, tuve la oportunidad de participar activamente en la concepción, organización y realización del PU. Por varios motivos que desarrollo más abajo, creo que el PU constituyó una experiencia novedosa de acción directa y de articulación de una multiplicidad de movimientos, grupos, e individuos. El hecho de que haya sido llevada íntegramente a cabo siguiendo criterios de horizontalidad, hace que el PU pueda ofrecer algunas claves para repensar la cuestión de la coordinación de acciones entre las Asambleas y otras organizaciones, un tema crucial para los nuevos movimientos autónomos surgidos de la rebelión del 19 y 20 de diciembre de 2001.

La idea

La idea de realizar un "Piquete Urbano" surgió en la Asamblea Popular Cid Campeador a principios de octubre. Un asambleísta presentó entonces el proyecto, argumentando que el PU serviría para varias cosas al mismo tiempo. En primer lugar, para promover acciones directas, un tipo de medida más radical que las que se acostumbra a desarrollar habitualmente. Era de prever que el 20 de diciembre, en el aniversario de la rebelión, habría grandes marchas y manifestaciones que, en opinión de ese asambleísta, no estarían a la altura de lo que fueron las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, o al menos en su espíritu: "Si después de un año de intensa organización popular lo mejor que sabemos hacer es organizar otra marcha más, entonces este año habrá servido de poco", sostuvo. La idea era, entonces, organizar una acción directa masiva como parte de las acciones a realizar en el aniversario de la rebelión. En segundo lugar, la idea del PU era atacar los sitios y símbolos del poder económico, para transmitir el mensaje de que allí estaba la principal responsabilidad de la crisis Argentina: "Siempre estamos marchando a Plaza de Mayo, al Congreso, a Tribunales, como si los culpables de la crisis fueran sólo los que detentan el poder político. Es hora de atacar también a los banqueros, las corporaciones, y los grandes empresarios, que fueron los que se beneficiaron de años de saqueo de nuestro país", señaló el asambleísta. En tercer lugar, la idea del PU era recuperar el protagonismo para las Asambleas, y proponer una medida propia como parte de las movilizaciones del 19 y 20, capaz de convocar también a otras organizaciones y sectores: "Estamos siempre movilizándonos detrás de las convocatorias de partidos políticos o centrales sindicales; es hora de que recuperemos la iniciativa y propongamos nuestras propias acciones y convocatorias", agregó el asambleísta que tuvo la idea. La Asamblea discutió la propuesta, y ese mismo día la aprobó por unanimidad. Ahora se trataba de pasar de la opinión a la acción, y hacer que la idea del PU se convirtiera en realidad.

El llamado a la acción y la organización

Al día siguiente de haberla aprobado, la Asamblea mandó por todas las cadenas de e-mail y a todos los contactos la propuesta del PU, invitando a todas las organizaciones del campo popular a discutir la idea y enviarnos sus opiniones. Simultáneamente, un grupo de asambleístas visitamos personalmente a otras Asambleas y grupos, para invitarlos a participar. La respuesta de la mayoría fue inmediatamente favorable, lo que nos impulsó a llamar a una primera reunión preparatoria para el 29 de octubre. Superando ampliamente nuestras expectativas, 27 grupos distintos acudieron a la convocatoria. En las sucesivas reuniones, el número de participantes fue aumentando, hasta llegar a las más de 45 organizaciones que finalmente participaron en la acción.

Todas y cada una de las decisiones -desde la misma idea general del PU, hasta las cuestiones logísticas y de seguridad más puntuales, las consignas, los vínculos con la prensa, etc.- se tomaron en forma totalmente horizontal, en asambleas coordinadas rotativamente. Cualquier asistente (incluso quienes venían a título individual) pudo manifestar sus opiniones en las reuniones de organización, mientras que cada grupo participante tenía derecho a un voto. Para el coordinar las acciones el 19, se eligieron democráticamente 8 personas, cada una de un grupo diferente. A pesar de las intensas discusiones y desacuerdos planteados, en sólo seis reuniones generales logramos darle forma al PU.

Una coalición diversa y plural Lo más notorio del PU, y a la vez uno de sus desafíos mayores, fue la conformación de una coalición entre la extraordinaria multiplicidad de sectores que participaron: Asambleas, organizaciones piqueteras, sindicatos combativos, partidos políticos, colectivos de arte, grupos gay/lésbicos, organizaciones de ahorristas, colectivos de resistencia global, estudiantes, grupos ambientalistas, y asociaciones de derechos humanos. No existe en nuestro país ningún antecedente (al menos que yo recuerde) que muestre tal heterogeneidad de grupos trabajando juntos. ¿Piqueteros junto a gays? ¿Ahorristas junto a sindicatos? ¿Asambleas junto a grupos de arte? ¿Colectivos de resistencia global junto a nacionalistas? ¿Trotskistas junto a (otros) trotskistas? Articularlos en la acción fue uno de los principales logros del PU.

¿Cómo conseguimos que tal diversidad de grupos se interesara en participar de la acción? Es probable que la respuesta sea, simplemente, que se trataba de una buena idea, o que apuntaba a un enemigo que todos compartimos: el capitalismo. También es probable que haya influido el hecho de que el llamado a la acción haya sido hecho en primer término por una Asamblea, organización de la cual nadie podría pensar que busca acumular políticamente para su propia causa en desmedro de otras. No creo que, por ejemplo, un partido político hubiera podido convocar a esa diversidad de organizaciones: la mayoría sencillamente no habría confiado en la convocatoria.

Pero también es posible que la forma en que se apeló al apoyo de los demás haya tenido algo que ver. El llamado a la acción invitaba explícitamente a todos los tipos de grupo -uno por uno, a los grupos de arte político, feministas, asambleas, ahorristas, etc.- en lugar de llamar al "Pueblo" o al "campo popular" en general.4 Una hipótesis probable es que ese tipo de apelaciones "desagregadas" interpela más efectivamente a la multiplicidad de sujetos oprimidos en la sociedad actual.

¿Cómo logramos ponernos de acuerdo entre tantos grupos diferentes? Una hipótesis probable es que el PU no fue posible a pesar de esa diversidad, sino precisamente gracias a ella. La misma heterogeneidad del espacio de trabajo, planteado en términos radicalmente horizontales, obligó a negociar diferencias y a postergar discusiones meramente ideológicas en favor de la realización de una acción práctica contra un enemigo en común: el sistema capitalista. Relacionada con lo anterior, otra hipótesis pensable es que los grupos que participaron genuinamente en esta negociación de diferencias sufrieron un proceso de contaminación recíproca. Es probable que ninguno de ellos haya salido de la experiencia igual a como entró. La negociación de las diferencias, cuando se da naturalmente en un ámbito horizontal, estimula el reconocimiento de la validez de los reclamos específicos de los demás, en pie de igualdad. Porque, idealmente, nadie está en condiciones de reclamar prioridad para sus propias demandas por sobre las demandas de los demás. ¿Podría un asambleísta haber dicho que su lucha es más importante que la de los ahorristas? ¿Podría un piquetero haber argumentado que su lucha contra la explotación capitalista del trabajo es más importante que la lucha de los ambientalistas contra la devastación capitalista del planteta? En un ámbito como el del PU, sólo podrían haberlo hecho al costo de socavar la oportunidad de trabajar juntos.

Peligros durante la organización: la batalla por los "programas", el "consignismo", el "aparateo", y el "opinionismo".

Pero claro, el proceso de construcción del PU no fue fácil ni mucho menos. De hecho fue complicadísimo, y estuvo a punto de naufragar varias veces (especialmente al principio). Creo que es útil reflexionar sobre los peligros que enfrentó el espacio del PU.

El primer peligro que enfrentamos fue el de la batalla por el "programa" de la acción. Desde las primeras reuniones, algunos de los participantes -especialmente los que pertenecían a partidos políticos- argumentaron que era necesario discutir primero si estábamos de acuerdo en cuáles eran los problemas fundamentales del país, y cómo deberían resolverse, antes de decidir si queríamos realizar la acción propuesta. Para decirlo más claramente, ellos querían que discutiéramos "programas" políticos primero, y luego acciones concretas. Hubo incluso quien exigió que debatiéramos una postura frente a la posible guerra contra Irak antes de seguir avanzando en la organización del PU.

En ese momento los que estábamos más comprometidos con la idea del PU tuvimos que hacer una intervención muy enérgica para trabajar en el orden inverso: empezar por lo que teníamos en común (la voluntad de realizar una acción directa concreta contra el poder económico) y dejar las discusiones más abstractas para después. Si hubiéramos comenzado por el "programa", todavía estaríamos discutiendo, y ninguna acción habría sido llevada a cabo. Podría pensarse una hipótesis relacionada con este problema. Los "programas" externos a los grupos que están en lucha, diseñados fuera de la realidad específica de sus luchas concretas, y que intentan fijar las respuestas a todas las preguntas de antemano, no son útiles para la articulación del campo popular (y uno podría agregar: sólo son útiles para luchar por hegemonizar espacios, y no para intervenir sobre la realidad). Por el contrario, sirven para generar divisiones artificiales entre los oprimidos, y para impedirles articular sus luchas múltiples. Los "programas" cerrados y externos, tal como se los conoce, interrumpen el proceso del escucharse y la negociación de las diferencias, que son fundamentales para la articulación en la multiplicidad. También dificultan el diseño de luchas específicas para situaciones específicas.

Un segundo peligro relacionado con el anterior fue el del "consignismo". El espacio del PU empleó dos reuniones enteras debatiendo qué consignas llevaríamos a la acción, de una lista de dos decenas. El vocero de una asamblea propuso definir la cuestión por consenso, es decir, no pelearse por establecer cuál es la consigna correcta, sino llevar todas aquellas que permitieran que todos y cada uno nos sintiéramos cómodos. Para ello era necesario que los que habían propuesto consignas imposibles de negociar (por ejemplo, las que obviamente reflejaban la posición de un partido, o las que iban explícitamente en contra de los intereses de alguno de los grupos), las retiraran. Lamentablemente, prácticamente nadie estuvo dispuesto a retirar sus consignas, y la discusión tuvo que resolverse dejando solamente la consigna "Que se vayan todos, que no quede ni uno solo". Se perdió así la oportunidad de llevar una o dos consignas más, referidas específicamente a los que detentan el poder económico. Podría pensarse, de todos modos, que la acción llevaba implícita su propia consigna y sus propios contenidos, y que por ello no era indispensable hacerlos explícitos bajo la forma de una "consigna" tradicional. Creo que esto lo percibieron muy bien los medios masivos de comunicación: el mensaje fuertemente anticapitalista de la acción del PU apareció claramente en casi todos los diarios, y en algunos de los canales de TV que informaron sobre el PU.

Un tercer peligro que enfrentamos fue el "aparateo" liso y llano. Varios de los que participaron de las discusiones pretendieron en algún momento hegemonizar el espacio o, peor aún, utilizarlo para otros fines. Concretamente, uno de los partidos participantes intentó en repetidas oportunidades que el espacio del PU hiciera un llamado también para el 20 de diciembre, o interviniera en las negociaciones de preparación del acto que hubo ese día. Como es sabido, ese partido finalmente utilizó todos los "sellos" que pudo reunir, para negociar con los organizadores (el Bloque Piquetero Nacional y compañía) un lugar para sus oradores en el palco. También intentaron utilizar el espacio del PU en el mismo sentido, afortunadamente sin éxito. Sin embargo, resistir esos intentos de manipulación nos llevó mucho tiempo y energía. Si hubiéramos permitido ese aparateo, la construcción de una coalición múltiple se habría complicado enormemente, y quizás todo habría fracasado.

Una hipótesis que podría extraerse de lo anterior es que la dinámica de la multiplicidad tiene buenas posibilidades de contrarrestar tales intentos hegemonistas y manipulativos, siempre y cuando pueda expresarse en su "hábitat natural": los espacios horizontales. Pero estos espacios son muy vulnerables a los ataques jerárquicos y homogeneizadores, tanto deliberados como inconscientes. Quizás sea conveniente, en el futuro, poner reglas más claras de funcionamiento en espacios como los del PU (por ejemplo, sólo un orador por grupo, para evitar que una opinión acapare el tiempo de debate, y quizás también algún tipo de limitación para los oradores que vienen "a título personal", supuestamente sin mandato de ningún grupo).

Un último peligro que enfrentamos fue el del "opinionismo", un mal que creo afecta a la mayoría de los espacios horizontales (y quizás también a los jerárquicos). El opinionismo es el abuso de la libertad de expresar la opinión, por parte de personas que no están ni remotamente comprometidas a poner el cuerpo en una acción, o a trabajar para hacer realidad sus opiniones. Concretamente, en el espacio del PU se reflejaba del siguiente modo. Las reuniones se desarrollaban en el edificio que tomó el Cid Campeador, donde siempre hay varias reuniones simultáneas y circula gente permanentemente. Muchas veces se arrimaban a las reuniones personas que estaban de casualidad ese día, y que nunca más volverían, jamás pondrían su trabajo personal en la construcción del PU, e incluso ni siquiera participarían de la acción. Sin embargo, muchas veces se sentían con derecho a expresar opiniones fuertes, que nos obligaban a tener en cuenta y discutir, e incluso reclamaban el derecho a decidir sobre los temas en discusión. Esto no sólo es injusto, sino que además constituye una falta de respeto por el trabajo de los demás, y es una práctica verdaderamente autoritaria. No se me ocurren soluciones fáciles para este problema: supongo que, con el tiempo, comenzaremos a darnos cuenta de que las opiniones, y el derecho a decidir, deben ir acompañados por un compromiso de trabajo personal. Es muy fácil opinar sobre cuestiones que afectan a otros, o tomar decisiones que otros deberán convertir en realidad.

Pluralidad de tácticas: la experiencia del "grupo rosa".

Otro debate que amenazó con empantanar la construcción del PU fue acerca de las tácticas. Algunos grupos, especialmente los ligados al arte y algunos estudiantes, proponían realizar acciones de estilo festivo, alegre, e incluso carnavalesco durante el PU. Otros grupos, sin embargo, no se sentían cómodos con el estilo festivo, y preferían un estilo, digamos, "guerrero". Esta discusión se resolvió aplicando el principio de "pluralidad de tácticas", que sostiene que no hay ninguna necesidad de homogeneizar las tácticas que cada grupo utiliza. Cada cual puede utilizar la táctica que prefiera, siempre y cuando no obligue a los demás a participar a disgusto, directa o indirectamente. Y como las acciones de bloqueo requerían que nos dividiéramos en cuatro grupos, eso permitió desplegar la "pluralidad de tácticas" sin problemas. Por ejemplo, en una de las últimas reuniones de organización, algunos de los grupos más orientados al espíritu festivo -Ardearte, Intergaláctika, GLTTTB, grupos de estudiantes de Sociales y Filosofía y Letras, y otros- nos comunicaron que deseaban trabajar juntos en uno de los grupos, y pedían que tal grupo se llamara "grupo rosa".

En los cinco días anteriores a la acción, muchos de los que participarían del grupo rosa mantuvieron largas reuniones, en las que prepararon artefactos artísticos varios, pancartas con frases como "Amor o Capitalismo", trajes especiales, un coro, etc. Entre las creaciones del grupo rosa estaban algunos dispositivos de "frivolidad táctica", que suelen ser útiles para hacer que la posibilidad de la represión sea más dificil. Un recurso clásico que utilizaron fue la distribución de flores a los policías.

Por supuesto, muchos de los que participaban en los otros "colores" habrían estado en desacuerdo con tales recursos. Lo importante es que las acciones se organizaron de forma tal de que cada uno pudiera manifestarse a gusto, sin "molestar" a los demás. El principio de pluralidad de tácticas es especialmente útil para espacios múltiples, como el del PU.

Un protagonismo diferente para un mundo diferente

Creo que el aspecto más importante del PU es que generó las posibilidades para un protagonismo diferente, o mejor dicho, para un verdadero protagonismo. En la reunión de balance que realizamos luego de la acción, tanto entre los grupos organizadores como dentro de mi propia Asamblea, podía percibirse la alegría de haber participado verdaderamente en la gestación de un acontecimiento político. Pequeño, sí, pero no por ello menos importante. Por el contrario, y para establecer una comparación, muchos sentimos que participamos en el acto del 20 de diciembre como meros espectadores pasivos o, como dijo una compañera de mi Asamblea, "fuimos como invitados al acto de otros". En el PU no fuimos al "acto" de nadie, sino que realizamos una acción colectiva de la que todos fuimos protagonistas. Casi ninguno de los que estuvimos en la Plaza el 20 de diciembre tuvimos la oportunidad de decidir cómo sería el acto, o si habría un acto. Ni siquiera los miembros de los partidos convocantes al acto tuvieron esa posibilidad: todas las decisiones estuvieron en manos de un puñado de dirigentes, que pactaron en reuniones cerradas e inconsultas. Por el contrario, las reuniones del PU fueron públicas y abiertas a la participación activa de todos: fue una verdadera construcción colectiva.

Podría pensarse, como hipótesis, que la construcción del PU contribuyó a generar entre los participantes una nueva subjetividad; fue en cierto modo una anticipación del mundo que deseamos construir: igualitario, múltiple, participativo. En el proceso de construcción del PU muchos aprendimos muchas cosas: cómo organizar una acción directa, qué necesidades tienen otros grupos, cómo respetar la diversidad, cómo organizar la seguridad, cómo lidiar con la prensa, etc. Por el contrario, el acto del 20 fomentó mas bien en los participantes una subjetividad contraria a los objetivos que supuestamente tienen los organizadores, y que es propia del mundo actual: pasividad, delegación, obediencia. Otros deciden, nosotros sólo obedecemos. Y sólo el puñado de organizadores del acto del 20 tuvieron la oportunidad de acumular (todavía más) experiencia. El resto de nosotros sólo tuvo la oportunidad de esperar el día, concurrir a la Plaza, ocupar el lugar prefijado para cada uno, escuchar, aplaudir, y volver a nuestras casas. El acto del 20, organizado según las formas de lo viejo, nos prometía la llegada de un mundo nuevo. El PU fue el mundo nuevo, en pequeño.

En este sentido, creo que ya el día 18 de diciembre había valido la pena haber organizado el PU. Su valor reside no sólo en su resultado final y visible, sino en los valores y subjetividades que contribuyó a transmitir durante los dos meses de su construcción. Valió como proceso, y no sólo como resultado.

El gran día

Dicho esto, creo que el resultado del PU también fue bastante bueno. A pesar del desorden y el aspecto algo caótico de la acción (una periodista describió cosas que vio como "una escena de los Monty Python"), creo que el 19 de diciembre cumplimos nuestros objetivos. Por supuesto que hubo muchas fallas en la organización, seguramente por la inexperiencia de la mayoría de nosotros.6 Pero estuvimos allí, y logramos interferir el funcionamiento de los objetivos que nos propusimos. El PU fue uno de los cuatro eventos más representativos de lo que fue el 19 y 20, junto con la Marcha Federal a Plaza de Mayo, el cacerolazo y acampe cultural del 19 a la noche, y las marchas de la FTV/CCC. Más importante, logramos transmitir el mensaje que queríamos en forma bastante efectiva: de hecho, si comparamos los informes de la prensa sobre esos cuatro eventos, el PU es el único que aparece con un mensaje anticapitalista claro.7 Pero quizás lo más importante del PU es que fue la primera experiencia de un nuevo tipo de coordinación. Ofrezco a continuación algunas reflexiones al respecto.

Hipótesis sobre la coordinación de movimientos autónomos y horizontales

Existe dentro del movimiento asambleario un debate intenso acerca de las formas de coordinación de las acciones, especialmente luego del fracaso de la experiencia de la Interbarrial de Parque Centenario. Creo que todos acordamos en que la coordinación es fundamental, pero no todos estamos de acuerdo (o sabemos) cómo hacer para que sea efectiva. Creo que la experiencia del PU puede ofrecer algunas claves para resolver este dilema.

Empecemos por los hechos, y aclaro que hablo aquí de mi percepción personal. La Interbarrial comenzó a funcionar en Parque Centenario casi al mismo tiempo en que se formaron, por primera vez en la historia de nuestro país, las Asambleas. En nuestra Asamblea nunca tuvimos la oportunidad de discutir cómo debía ser esa Interbarrial, porque ya estaba convocada apenas empezamos a existir, ¡y nuestra Asamblea nació el 11 de enero! Recuerdo que en febrero de 2002, mientras todavía no conseguíamos aprender bien cuál era el botón del megáfono que había que apretar para hacerse oir bajo el monumento al Cid Campeador, la Interbarrial ya había votado un "programa" de casi cien puntos, y había convocado a una "Interbarrial Nacional", que efectivamente se reunió poco después, y refrendó las decenas de puntos votados por la Interbarrial porteña. Y aunque concurríamos a la Interbarrial, jamás en mi Asamblea tuvimos tiempo de debatir y votar los puntos del famoso "programa": sencillamente eran demasiados, y no nos daba el tiempo para ocuparnos de eso en medio de otras cosas no menos urgentes, como por ejemplo intentar voltear a la Corte Suprema o al nuevo gobierno. Quizás los vecinos de la zona del Cid seamos medio lentos, pero no creo que la realidad de otras Asambleas haya sido demasiado diferente.

¿Quién debatió cómo debía ser la coordinación de asambleas? ¿Quién llamó a la primera reunión de la Interbarrial? No tengo idea, y tampoco es lo importante. Algunos dicen que fue una "ayudita" que nos dieron los partidos, pero francamente no sé si fue así. Lo que sí está claro es que no surgió naturalmente de un debate interno de las asambleas. Sucedió demasiado rápido como para que alguien haya tenido tiempo de pensar seriamente en la cuestión, consultar con los vecinos, con otras asambleas, consensuar, etc. Mientras la Interbarrial votaba un programa de gobierno, muchos de los vecinos de mi Asamblea todavía estaban en la etapa de catarsis, contándose mutuamente los problemas que tenían, y aprendiendo a escucharse. Pero se creó una Interbarrial, sea. Para muchos, pronto empezó a ser evidente que en las decisiones de Parque Centenario tenían injerencia los partidos políticos. Antes del acto del 1ro. de Mayo, sucedió lo que todos sabemos: trompadas entre militantes de partidos, intentos de cambiar decisiones de la Interbarrial por la fuerza, etc, etc. Luego de eso, cada vez más Asambleas empezaron a abandonar la Interbarrial, hartos de los aparateos. Algunas Asambleas lo hicieron silenciosamente, otras enviaron comunicados; fue un éxodo, una fuga.8 Lo cierto es que en noviembre sólo asistían 6 o 7 Asambleas a la Interbarrial, y era vox populi que Izquierda Unida controlaba el asunto. Luego vino un intento de resucitarla para usarla en la disputa entre Izquierda Unida y el PO por ver quién ponía oradores en el acto del 20 de diciembre. Mediante una maniobra poco clara (aunque muy evidente), los que manejaban la Interbarrial consiguieron hacer que un domingo aparecieran 55 asambleas (dos tercios de las cuales concurrieron sólo como "observadoras"). A la semana siguiente, pocos días antes del 20 de diciembre, volvieron a huir en estampida. En la reunión anterior al 20 asistieron 15 Asambleas, y en la posterior sólo quedaban en la Interbarrial 5 Asambleas. Nuevamente el éxodo.¿Qué motivos tuvimos para escaparnos? ¿Por qué no armamos alguna otra "Interbarrial", si las Interbarriales son tan importantes? A veces sólo entendemos mucho tiempo después por qué hacemos las cosas, pero eso no quiere decir que no tengamos buenos motivos para hacerlas. Para entender por qué fracasó la Interbarrial hay que analizar la naturaleza de ese éxodo.

Mi hipótesis es que, además del hartazgo por los aparateos, nos escapamos de la Interbarrial porque es un tipo de coordinación que no corresponde con la lógica de funcionamiento de las Asambleas. La coordinación de las asambleas es fundamental, pero no ese tipo de coordinación.

El proyecto de la Interbarrial partía de una serie de premisas que habría que revisar detenidamente: 1) Que "coordinación" significa que las Asambleas deben coordinarse con otras Asambleas; 2) Que "coordinación" significa la creación de una instancia centralizada y única, en la que participen todas las Asambleas; 3) Que "coordinación" significa que esa instancia centralizada y única representa al movimiento asambleario, y que, por ello, es superior a las Asambleas de base, por cuanto representa la voz del conjunto del movimiento asambleario. 4) Que a través de ese órgano de coordinación las Asambleas deben aspirar a dotarse de un "programa" unificado. La idea es que, una vez que las Asambleas tengan su voz unificada y su programa, podrán entonces coordinarse con los demás sectores (piqueteros, partidos, sindicatos, etc.), que también deberían tener una voz y un programa. La política que está detrás de esta concepción, imagina que entonces todo el movimiento social elegiría el mejor "programa", junto con el mejor "instrumento" para llevarlo a cabo: el partido X.

El problema con este esquema de coordinación es que anula la multiplicidad, es centralista, y jerárquico, exactamente lo contrario a lo que son las Asambleas. Creo que, desde una perspectiva asamblearia, hay que cuestionar todos estos supuestos. Vayamos punto por punto: 1) ¿Quién dijo que las Asambleas deben coordinarse prioritariamente y primero con otras Asambleas? ¿Por qué no pensar en espacios de coordinación con otros grupos y sectores también (quiero decir antes, y no recién después de haber entrado en coordinación todas las asambleas)? ¿Por qué no mezclarse de entrada con organizaciones de piqueteros, obreros, mujeres, artistas, estudiantes, jóvenes, etc? Ninguna ley dice que las Asambleas sólo deban coordinarse con Asambleas, ni que deban hacerlo primero entre ellas para sólo luego coordinarse con los demás. Quienes piensan que "coordinación" significa necesariamente coordinación entre Asambleas parten de una idea homogeneizadora de la política; piensan que es necesario dotar a las Asambleas de una sola voz. O, como dicen a veces los que están acostumbrados a la política jerárquica, "golpear con un mismo puño". Y eso nos lleva al punto 4). ¿Por qué habrían de tener las Asambleas una sola voz, o un solo programa, cuando pueden tener muchas voces e ideas diferentes acerca de cómo cambiar el mundo? ¿Por qué uniformizar, homogeneizar, aniquilar la multiplicidad y las diferencias entre las Asambleas? Ninguna ley dispone que para lograr la unidad en la lucha haya que pensar igual, tener el mismo programa, o hablar todos con la misma voz. Y así llegamos al punto 3) ¿Necesitamos verdaderamente que un órgano superior nos represente? ¿No estamos buscando, precisamente, dejar de ser representados por otros? ¿Quién dijo que para lograr la coordinación hay que delegar en otras instancias?. Y finalmente el punto 2) ¿Por qué habría de haber una sola instancia de coordinación centralizada? ¿Por qué no dos, o tres, o varias descentralizadas? ¿Por qué habríamos de golpear con un solo puño, cuando podemos golpear con muchos? ¿Quién dijo que las Asambleas deben tener una voz, cuando tienen miles de voces? ¿Por qué habrían de trabajar todas obligatoriamente juntas?

Un ejemplo. Existe hoy un puñado de Asambleas que se identifican con el PO, y decidieron ingresar a la Asamblea Nacional de Trabajadores (ANT). La ANT es un espacio de coordinación, y esas Asambleas decidieron participar allí, y no hay nada de malo en ello. Otro puñado de Asambleas se identifica con Izquierda Unida, que a su vez es tiene su propio espacio de coordinación, y tampoco hay nada malo en esa decisión. Finalmente, otro puñado de Asambleas, que no le gusta ni lo uno ni lo otro, y que tienen otras ideas, prefirieron coordinarse en el espacio de la Clínica Portuguesa. ¿Por qué habríamos de pedirles que abandonen esas formas de coordinación para sumarse a una única coordinación de Asambleas? ¿Por qué obligar a las Asambleas PO a trabajar con las Asambleas MST, si obviamente no es lo que desean, y mas bien compiten entre ellas? Todas estas Asambleas eligieron otras formas de coordinación, con otros grupos, y no tiene sentido que las forcemos a juntarse en una sola instancia de coordinación. Sería absurdo. No es que no se pueda participar en varios espacios de coordinación al mismo tiempo. Pero no tiene demasiado sentido participar en dos espacios que reclaman, ambos, centralizar la coordinación de Asambleas.

Otro ejemplo: algunos grupos de desocupados se organizan mediante asambleas barriales horizontales desde hace años (de hecho, los piqueteros "inventaron" las Asambleas). Tomemos por ejemplo el MTD Solano. ¿Esos vecinos de Solano tendrían que venir también a la Interbarrial? ¿Son piqueteros o asambleístas? La pregunta es innecesaria ¿A quién le importa qué rótulo les ponemos? Lo que importa es que las personas de Solano y las de Palermo puedan coordinar sus acciones, cada uno de la manera que quiera, y respetando su diversidad. Pero si pretendiéramos que los vecinos de Solano se coordinaran mediante la Interbarrial… bueno, eso no funcionaría, y sería tan injusto como que los piqueteros pusieran como condición para coordinarse, que los vecinos de la Asamblea de Palermo entren a la Anibal Verón.

A lo que quiero llegar es que existen formas de coordinación que no significan centralización, homogeneización, negación de las diferencias, representación, en definitiva jerarquía. Para coordinar no es indispensable ninguna de estas cosas. Existen otras formas, más efectivas y menos nocivas. Pero para repensar la cuestión de la coordinación, es preciso "desaprender" muchas cosas que nos inculcaron siglos de política jerárquica y centralista. Desde las Asambleas ya empezamos a avanzar en ese sentido.

Muerta la Interbarrial, muchos se quejan hoy de la falta de una instancia de coordinación. Quisiera proponer, como hipótesis, que ya existe una forma de coordinación de las asambleas y otros sectores, aunque sea todavía incipiente. Está delante de nuestras narices, pero nos cuesta verla porque tenemos los ojos educados en esquemas jerárquicos: sólo percibimos la coordinación si es centralizada, uniformizada, jerarquizada.

En el año que pasó desde la rebelión del 19/20 de diciembre de 2001, la infinidad de grupos que luchan por la emancipación hemos sabido ir tejiendo redes de contactos entre nosotros.

Asambleas están en contacto con otras Asambleas, pero también con fábricas tomadas, movimientos piqueteros, sindicatos, partidos, grupos de arte, de derechos humanos, de comunicación alternativa, etc. etc. Aunque cueste percibirlo, estamos todo el tiempo coordinando acciones con otros grupos. También hemos creado espacios de coordinación para temas específicos, como Intersalud, Intertomas, Privatizadas, etc, y las Interzonales. Allí donde hay un trabajo concreto, que valga la pena ser realizado, nos las hemos ingeniado para coordinar acciones con otros. Es cierto, esta coordinación es deficiente, pero existe. También hemos tejido redes de intercambio de opiniones e información, a través de Internet, y también de contactos personales entre asambleístas de diferentes Asambleas. En nuestra Asamblea, por ejemplo, recibimos toneladas de información todos los días, acerca de las actividades de otras Asambleas y movimientos, invitaciones a actividades, pedidos de ayuda, etc. Incluso, sin darnos cuenta, también hemos creado redes de contacto para generar respuestas rápidas. Un ejemplo personal. Cuando fue la amenaza de desalojo de Brukman, yo no estaba en mi casa. Cuando regresé, tenía cinco mensajes en el contestador, provenientes de personas de tres Asambleas diferentes (una de ellas ni siquiera la conocía, y no tengo idea de dónde saco mi número), pidiéndome que fuera urgente a defender la fábrica. Lo cierto es que en pocos minutos se movilizó un número importante de personas de Asambleas para proteger a Brukman, sin que ninguna institución, ni instancia centralizada hubiera dado la "orden". Este es un ejemplo de coordinación en red, muy efectivo, y que sin embargo no percibimos. ¿Podrían las formas de coordinación centralizadas haber respondido tan bien, y tan rápidamente? Supongan cómo habría sido el trámite: Brukman llama por teléfono a la comisión de prensa de la Interbarrial, que luego llama una a una a las Asambleas, que a su vez llaman cada una a sus miembros. El resultado final no habría sido mucho más rápido (probablemente lo contrario). Pero además ¿qué pasaba si nadie respondía en los teléfonos de la comisión de prensa de la Interbarrial?: si el "centro" fallaba, toda la "coordinación" colapsaba, y Brukman era desalojada. Por suerte, la coordinación de esa acción fue en red: los que se enteraron primero de la amenaza de desalojo llamaron a los contactos que tenían, y en pocos minutos la información se expandió como una mancha de aceite por toda la red de vínculos que los movimientos sociales hemos tejido este año.

Con esto quiero decir que, sin darnos cuenta, y mientras nos escapábamos de las formas de coordinación centralistas, uniformizadoras y jerárquicas, hemos ido construyendo una estructura de coordinación en red. Por supuesto, esta red todavía es muy tenue, y queda mucho por hacer para que funcione más aceitadamente. Pero creo que es la coordinación en red la que corresponde a organizaciones asamblearias, autónomas, y horizontales: nos organizamos en Asamblea si estamos cerca, y en red si estamos lejos o somos muchos, esa es la hipótesis. Pero antes de avanzar conviene aclarar un poco más qué son las redes.

Las estructuras en red

Existen dos enemigos de la autonomía y la horizontalidad: los grandes números y las grandes distancias. Es muy difícil mantener una dinámica asamblearia efectiva si participan cientos de personas, o si éstas no viven lo suficientemente cerca como para reunirse regularmente. Siempre que ese es el caso, surge alguien que propone jerarquizar y centralizar la conducción del movimiento, es decir, abandonar la horizontalidad para ganar en efectividad.

Para solucionar este dilema, los movimientos sociales horizontales están desarrollándose en todo el mundo en estructuras de coordinación y organización en red. Una red es una trama de vínculos voluntarios y laxos entre personas u organizaciones autónomas. Como dijo el Subcomandante Marcos: "Una red no tiene centro rector ni decisorio, no tiene mando central ni jerarquías. La red somos todos los que hablamos y escuchamos"

Una red habitualmente se establece cuando los grupos participantes (o "nodos") encuentran que tienen algún interés en común, y que pueden intercambiar información o recursos, y actuar coordinadamente. Los nodos pueden debatir a la distancia, y llegar a consensos que les permitan tomar decisiones unificadas. Pero esto no implica que cada uno pierda o delegue su capacidad de decidir por sí mismo: la horizontalidad y la autonomía se mantienen.

A diferencia de las redes, las organizaciones jerárquicas y centralizadas típicas de la izquierda tradicional se parecen a la estructura de los árboles: un "tronco central" único, del que salen "ramas principales", de las que, a su vez, salen "ramas menores". La organización en red tiene una serie de ventajas respecto de las estructuras tipo "árbol". Una de las más importantes es que las redes permiten una comunicación más libre y fluida, ya que cada nodo puede establecer vínculos "horizontales" con cualquier otro a voluntad. Por el contrario, las ramas de un árbol sólo pueden comunicarse "verticalmente" entre sí pasando primero por el tronco. Y si, por ejemplo, el centro de decisiones y comunicaciones de un partido o cualquier otra forma de coordinación centralizada decide "bloquear" una propuesta de un comité regional, o simplemente falla, el flujo de la comunicación se interrumpe.

Las redes también facilitan la creatividad y la innovación. Cada nodo tiene la autonomía para explorar e inventar localmente nuevos caminos. Es probable que, entre miles de nodos, alguno se tropiece cada tanto con un gran hallazgo, incluso por casualidad. Si un "descubrimiento" es útil, muchos otros puntos de la red pueden aprovecharlo, adaptarlo, y transformarlo en una innovación global. Nadie puede prever cómo actuará una red en cada momento,y esa es una de sus grandes virtudes. Las estructuras centralizadas desincentivan la creatividad y las innovaciones locales, que siempre se espera que vengan "de arriba".

Las redes también son más sensibles a las realidades y necesidades locales o específicas, que cada nodo conoce (y puede transmitir) mucho mejor que cualquier "comité central". Por ejemplo, las autoridades de un Partido pueden decidir que no quieren establecer contactos con otro grupo político. Pero quizás en alguna región, por motivos particulares, tales relaciones sean indispensables. En ese caso, un nodo no dudaría en entrar en red, mientras que la "rama" de un árbol debe esperar que el "tronco" comprenda y apruebe el vínculo. Las estructuras en red facilitan el establecimiento de alianzas puntuales, flexibles y pluralistas. Pero además, al contrario de lo que suele pensarse, las estructuras centralizadas y jerárquicas son mucho más vulnerables que las redes. Decían Félix Guattari y Gilles Deleuze que, como cada nodo de una red puede funcionar como un todo autónomo, la red puede seguir en pié incluso si una o varias partes fueran destruidas. Dado que ningún nodo es indispensable para que los otros puedan seguir vinculándose entre sí, es muy difícil destruir la red completa. Esto es lo que ellos llamaron una "estructura rizomática". Por el contrario, una estructura tipo "árbol" entra toda ella en colapso si el centro falla o es destruido. Esto vale no sólo para el caso de un "ataque", sino sobre todo para los numerosos casos en que un dirigente toma decisiones equivocadas, se corrompe, o decide "negociar" a espaldas de sus representados. Los anales de las organizaciones sindicales y de izquierda están llenos de historias de "burocratización", "errores trágicos", o "traiciones" de dirigentes, que han comprometido a movimientos enteros. Para los movimientos asamblearios y horizontales, sencillamente no hay necesidad de que la suerte de toda una lucha quede en manos de un "centro", un puñado de personas que puede fácilmente equivocarse, corromperse, o ser destruido.

Otra diferencia entre las redes y las estructuras jerárquicas y centralizadas, como dice mi amigo Franco Ingrassia, es la forma en que crecen. Los partidos políticos, por ejemplo, crecen por "acumulación", tratando de sumar cada vez más adherentes, militantes y recursos. Las estructuras en red se comportan como la vida, que se expande creando cada vez más y nuevos organismos autónomos. Como las células, las redes crecen por "multiplicación", no tanto aumentando el número de personas y la cantidad de recursos de un grupo en particular, sino impulsando la creación de nuevos nodos. Cuanto más nodos hay, y más variados son, la red es más fuerte. No hay nada mejor para un asambleísta que ver nuevas Asambleas surgiendo en cada esquina.

Este tipo de crecimiento por multiplicación facilita el establecimiento de relaciones de cooperación y solidaridad, ya que ningún nodo tiene por qué recelar de la creación de otro nodo, mientras que la mayor "acumulación" de un partido siempre es percibida por los otros como una amenaza. En parte es por eso que las organizaciones asamblearias suelen no exigir pertenencia exclusiva a sus miembros. Cada persona puede elegir participar en uno o más colectivos, sin que esto constituya un problema. Pero nadie puede estar afiliado a dos partidos al mismo tiempo.

Alguien podría preguntarse "Muy bien, tenemos redes de contactos y comunicación informales y voluntarios ¿Pero cómo hacemos para coordinar acciones de gran escala, donde participen muchos de los grupos de la red, sin una jerarquía que decida?" Preferir las etructuras en red no quiere decir que nunca deban utilizarse estructuras con algún grado de centralización. Éstas pueden ser necesarias o convenientes para algún caso puntual. Lo importante es no subordinar las redes a ningún centro o autoridad permanentes.

De vuelta al Piquete Urbano

Aquí es cuando el ejemplo del Piquete Urbano puede resultar de utilidad, ya que permitió coordinar a un número importante de grupos extremadamente diversos, y realizar una acción relativamente complicada de forma efectiva, y en poco tiempo. El ejemplo del PU muestra el momento en que las redes que nos venían comunicando, vinculando y coordinando en pequeña escala, se materializaron en un agrupamiento, un foco de convergencia temporario para realizar una acción específica. En el PU es un ejemplo de cómo pueden converger un número importante de "nodos" de la red en la formación de una coalición para realizar una tarea puntual. La formación de coaliciones temporarias como la del PU permite que la red múltiple y diversa cristalice en agrupamientos que pueden ser un poco menos múltiples y diversos que el total de la red, y por ello pueden llegar a definiciones más fuertes sobre tal o cual tema (por ejemplo, que es prioritario atacar al poder económico). De este modo, se combina la extrema multiplicidad de las redes, con la formación de espacios temporarios un poco más "uniformes", en los que haya coincidencias más fuertes. Cumplida su función específica, la coalición se disuelve -como sucedió con el PU-- y cada uno vuelve a la "vida cotidiana" de las redes, hasta el momento en que sea necesario armar otra coalición, quizás con los mismos grupos, o tal vez con otros, para resolver otro tema u organizar otra acción.

¿Habría podido la Interbarrial organizar una acción como la del PU? Creo que no (de hecho mi Asamblea llevó la propuesta a la Interbarrial, donde fue ignorada), entre otras cosas porque la Interbarrial, al coordinar solamente a Asambleas, interrumpe la posibilidad de establecer contactos con otros grupos más libremente.9 ¿Cómo debería haberse planteado el PU si se hubiera organizado desde la Interbarrial? Primero las Asambleas deberían haberse puesto de acuerdo entre sí, para sólo luego invitar a participar a gays, piqueteros, artistas, trabajadores, partidos, etc. El problema es que, para entonces, la idea del PU ya no sería una construcción colectiva de todos, sino una invitación que las Asambleas habrían hecho a los otros grupos… Y otra vez aquí, no es lo mismo ser protagonista que ser invitado.

Pero quizás lo más importante a tener en cuenta es que el PU construyó una instancia de coordinación para que sirviera para un propósito concreto. Es decir, el "órgano" se adaptó a la tarea. Por el contrario, las estructuras centrales, fijas y representativas como lo era la Interbarrial hacen el camino inverso: primero existe la estructura, y luego vemos para qué la usamos. El problema es que, entonces, se da lugar a la lucha por el control de la institución u organismo: todos quieren controlarlo para utilizarlo para las tareas que cada uno quiere. Otra hipótesis pensable es, entonces, que a las organizaciones autónomas y horizontales no les conviene agruparse porque sí, siguiendo el imperativo "deberás agruparte", para recién luego ver qué hacer. Conviene pensar primero qué es lo que uno quiere hacer, y luego agruparse puntualmente con los que piensan o sienten la misma necesidad. Y, sobre todo, adaptar el "órgano" a la tarea, y no poner el carro delante del caballo.

Por supuesto, el propósito de estas reflexiones es contribuir a repensar la cuestión de la coordinación del movimiento asambleario, y no prentenden ser una "receta". Tampoco pretenden sobreestimar los alcances del PU, que fue sólo una pequeña acción, un inicio que, sin embargo, puede ofrecernos claves para resolver el problema de la "coordinación".10 Creo sí que el camino de la coordinación efectiva de las organizaciones autónomas y horizontales pasa por el fortalecimiento de las redes, y por explorar la manera de construir coaliciones cada vez que sea necesario (o quizás incluso permanentes), pero que no pretendan representar a la totalidad de un movimiento.

Es probable, por último, que el funcionamiento en red no sirva para unificar las luchas bajo un "programa" y una "herramienta" en común. Pero eso es problema de los que piensan que tales cosas son necesarias…

Buenos Aires, 7 de enero de 2003.

   

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